• Instagram - Black Circle
  • Facebook Black Round

Sistema Arquitectura 

2019

 

 

Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga.

Elena Garro

 

La muerte, acto cumbre de la vida, es la experiencia última, única e individual en la que participa el ser humano. El nacimiento es la causa y el efecto es, ineludiblemente, dejar de ser. El fin existe, todo termina, y reflexionar sobre ello es enfrentarse a lo único verdadero.

 

La ciudad de los vivos no es el único lugar donde el ser humano ha volcado su expresión artística e intelectual. También, la tierra de la muerte ostenta un legado importante dedicado a enaltecer la memoria de los caídos.

 

Desde la prehistoria, y a través de los grandes imperios del mundo, el ser humano se ha obsesionado con la muerte. En muchos casos, incluso, se ha convencido de la continuación de la vida en ultratumba, y ha erigido honrosas edificaciones y espacios destinados al descanso eterno de sus difuntos. Tal vez, el ejemplo en pie por excelencia sean las pirámides de Giza, en Egipto; mausoleos de escala monumental construidos para resguardar los restos momificados de sus faraones en el camino a la vida eterna. A pesar del paso del tiempo, la inquietud por realizar sepulturas y memoriales acordes con la importancia de quienes ahí yacerían continuó a través de la era paleocristiana, el medioevo y las monarquías europeas.

 

Las diversas expresiones de arte y arquitectura funerarios del mundo corresponden con cada época, desarrollo socio-tecnológico y, principalmente, con las creencias religiosas predominantes en cada lugar. Actualmente, se puede decir que la actitud artística y arquitectónica ante la muerte dista mucho de las visiones anteriores. Ante la muerte, los creativos contemporáneos limitan su trabajo al diseño de edificaciones religiosas y, sólo en contadas ocasiones, se aventuran a diseñar necrópolis que, las más de las veces, asemejan la monótona y repetitiva configuración de las casas de interés social; un tapete de lápidas idénticas que no se diferencia mucho de un montón de tinacos negros sobre el horizonte, y desvirtúan la última morada terrenal: la tumba.

 

Al respecto, la historiadora del arte Ma. del Carmen Bermejo Lorenzo atribuye la poca producción de arquitectura mortuoria en Europa específicamente al declive económico ocasionado por los conflictos bélicos de principios del siglo pasado. Además, como consecuencia de los cambios sociales actuales como la desacralización de la muerte, los tabúes, el creciente deseo de juventud eterna o inmortalidad, la explosión demográfica y la falta de espacio habitable, las necesidades de los muertos han sido resueltas pobremente con obras funerarias de escaso valor artístico y arquitectónico.

 

Estos cambios han contribuido a ampliar la brecha generada entre la arquitectura y los espacios mortuorios, lo cual deriva en el desinterés por el diseño de tumbas por parte de los arquitectos, así como la ausencia de demanda de obras de calidad arquitectónica por parte de los deudos. Sin embargo, es importante destacar lo absurdo que resulta dejar de lado este tipo de proyectos, ya que son y seguirán siendo una condición esencial para el ser humano y su necesidad de habitar, tanto en la vida como en la muerte.

 

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Referencias

 

  • Bermejo Lorenzo, Carmen (1998) Arte y arquitectura funeraria. Los cementerios de Asturias, Cantabria y Vizcaya (1787-1936). Universidad de Oviedo. Oviedo.

  • Garro, Elena (2010) Los recuerdos del porvenir. Planeta. México, D. F.

Réquiem por la arquitectura funeraria 

Texto: Ruffo García

Ilustración: Mariana Gómez

Tipo: Investigación

Año: 2016