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Sistema Arquitectura 

2019

Pan de ayer 

Texto: Ivan Reyes

Ilustración: Tomás Tovar

Año: 2016

 

 

Siempre que salgo del metro suena en mi cabeza una canción, un bolero, el más incipiente tal vez. Vivimos más allá de Zaragoza y siempre usamos la línea 1 del Metro, la primera, la original ‒siempre lo comentábamos en forma de broma entre nosotros. Vamos a comprar «pan de ayer» para la cena. Siempre la misma panadería, la misma cajera y la misma hora: ocho de la noche de cualquier domingo. Llegamos a esa hora al centro porque es cuando la gente se va, porque a esa hora sólo hay gente preocupada por pasear. Disfruto más cuando llueve porque cualquier marquesina se convierte en un punto de encuentro con algún extraño. Antes caminábamos más, ahora los pies no dan para mucho. ¿Recuerdas cuando íbamos hasta San Juan de Letrán por los churros con chocolate? Temo que me vean con extrañeza las demás personas porque, entre balbuceos y sonrisas, no sé si sigues conmigo.

Faltaba una semana para cumplir veintisiete años de casados. Estaba nervioso porque aún no sabía con qué te iba a sorprender, y en cualquier aparador te hacia algún comentario para averiguar sobre las opciones. ‒ ¡Mira ese prendedor! ¿Recuerdas las zapatillas de color… o cuando cominos en… ? Al final me quede con las ganas de sorprenderte.

Nada extraordinario pasó aquel domingo más que el hecho de tu partida. Tu desvanecimiento en medio de la calle y la manera en que el camión te arrolló fueron muy rápidos. En ese momento deseé el tumulto de gente para ayudarnos pero pasaban de las nueve y nadie nos socorrió. Mientras te sostenía entre mis brazos, no dejaba que tu cabeza tocara el piso de la plaza vacía. Traje a mi mente un recuerdo mejor de ti: cuando nos abrazábamos, reíamos y llorábamos al mismo tiempo al darme la noticia del embarazo de nuestra hija, un domingo de octubre comiendo conchas. ¿Por qué nuestras vidas estarán marcadas por el mes de octubre?

Ahora sólo vengo a esta plaza a platicar con Don Gante en silencio. Nos contamos las mismas historias. A veces hay más gente y más ruido; a veces estoy solo, postrado bajo un paraguas frente a la estatua, imaginando que estás cerca y que cuando gire la cabeza estarás ahí, bañada por la luz íntima de nuestra plaza. Este domingo no fui a Gante, tengo en las manos los boletos de la ópera que siempre veíamos juntos ‒sigo comprando dos lugares en luneta. Desde tu partida, es una forma de recordar lo amado que era a tu lado. Cuando sube el telón, me pongo en el meñique el anillo con la gema roja que no te di en nuestro último aniversario.

Hace poco me di cuenta que los boleros cesaron y muchas veces me he perdido en el Metro. Es como si el mundo se hubiera vuelto gris. Tengo miedo de no regresar y vagar en mis recuerdos. Dejé de comprar «pan de ayer».