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Sistema Arquitectura 

2019

 

 

Desde la obra suprema de Cheval, Francia se maravilló con lo que un hombre podía construir. Sin importar su profesión, aquel cartero francés recogió piedras durante 33 años para construir un Palacio ideal.

 

Cuantificada en kilómetros, es clara la lejanía entre Francia y Oaxaca, sin embargo, son más cercanos de lo que podemos imaginar. Cerca del límite con Puebla, sobre la carretera que va de Huajuapan a Tehuacán, se localiza el municipio de Santiago Chazumba, y dentro de éste, la población de El Higo, donde reside el señor Prudencio, un campesino que habita en la Sierra Mixteca de Oaxaca.

 

"Yo no soy arquitecto, ni estudié como ustedes, pero quería tener mi propia casa", afirma Prudencio mientras nos ofrece algo de beber.

 

El Higo es una comunidad de setenta personas que fue nombrada así a petición de sus habitantes, quienes sembraron una higuera dentro de la demarcación como recurso último en busca de una identidad. El paisaje de El Higo es semidesértico y su flora está compuesta por suculentas, cactáceas y bajos matorrales. El block y la lámina de asbesto son los materiales de construcción predominantes en las viviendas, materiales que se han relacionado con la “renovación” de la zona.

 

Al partir de Santiago Chazumba, poco a poco se deja atrás la urbanización y la sierra domina el paisaje con sus colinas. Hay que tomar la vereda que va a la Iglesia de El Higo. Al terminar la vereda, se encuentra una casa de adobe con teja de barro que destaca entre las demás. Hemos llegado a la casa de Prudencio.

 

Basta con cruzar el umbral para sentirse cobijado por cuatro muros de adobe. Las tejas apiladas en el piso prometen que habrá un techo que cubrirá el vestíbulo, y a través de sus ventanas, adelanta algunas vistas de la Sierra Mixteca.

 

Al internarnos en la penumbra de la casa, nos lleva a un espacio de muros de adobe y techumbre de madera. Las lajas que conforman los muros pasarían desapercibidas si no se supiera que cada una de ellas fue escogida previamente por las manos de Prudencio, en la misma sierra.

 

Sus colores y texturas hacen que la piel de la casa se camufle con la tierra color rojo del lugar, entre sus montes y veredas. La rugosa textura y las vigas de madera, nos hablan de un minucioso trabajo manual y espiritual. Una casa construida a velocidad humana, que dio como resultado espacios de dimensiones antropométricas, adecuados y habitables, sin sobrados ni faltantes. "Yo quería una casa grande, como un castillo, pero sin dinero, me decidí a hacer mi propio castillo con lo que la sierra me daba", platica Prudencio.

 

Entre piedras y barro, Cheval materializó un castillo de figuras antropomorfas. Una a una, recolectó piedras durante más de tres décadas, de camino a sus entregas de correspondencia. Como si de una receta se tratara, Prudencio desarrolló inadvertidamente la misma fórmula de Cheval y, no obstando su oficio como campesino, reconoció las posibilidades geométricas de las lajas de la Sierra Mixteca

 

La sinceridad constructiva de la casa es un reflejo de la humildad de Prudencio, quien escogió cada una de las piedras por sus características físicas pero también simbólicas. Lo interesante en esta vivienda es justo esa relación físico-simbólica que se manifiesta en la construcción. A lo largo de los tres niveles, se forja una conexión entre el inframundo, el mundo terrenal y el cielo.

 

El carácter de la vivienda va más allá de la economía de los materiales o del clima del lugar. Estos elementos se articulan por el simbolismo de cada espacio. El origen de los materiales sigue presente; al no estar recubiertos, los materiales se muestran en toda su verdad y cumplen su justa función.

 

La mayor de las sorpresas sucede al ir del recibidor a una terraza techada, de dimensiones justas para una persona, con vanos altos y angostos que muestran el patio de la casa, y permiten comprender que los espacios se prolongan por debajo del nivel de calle.

 

A la derecha se encuentra una escalera de piedra que conduce  al nivel más bajo. Los niveles de la casa marcan también tiempos y privacidad para quien la recorre. Las escaleras son las pausas necesarias para su lectura a través de los tres niveles.

 

El primer piso que se encuentra a nivel de calle, nos aparta de la vereda y nos hace caer en la reflexividad de la penumbra. Es este el nivel terrenal, una zona más privada, conformada por las habitaciones, el altar a la virgen, el pozo, y el comedor al aire libre.

 

El inframundo se encuentra  en la parte más baja de la casa. En ella se encuentra un patio con un árbol de olivo. Sembrado por Prudencio, es quizás el único de la sierra. Pero lo mejor de esta parte se esconde detrás de unos vanos pequeños, en los que es necesario agacharse para poder entrar. Ya uno hace la reverencia para entrar y se encuentra en un túnel bajo y angosto, que obliga a entrar a solas. Al subir unas escalinatas, se presenta ante los ojos un adoratorio con dioses esculpidos en piedra, dentro de un nicho en una de las paredes de aquel espacio; en este momento nos encontramos debajo de la terraza.

 

A los costados, dos pasadizos desembocan hacia ventanas que miran al patio. Estos vanos guardan una simetría entre ellos y la puerta que está justo en el centro. De igual modo, el cuerpo de la casa traza un eje central que remata en un techo a dos aguas.

 

El adoratorio hace de cimentación para una parte de la casa, justo las entrañas de ese castillo. Uno podría creer que ahí acababa todo, y que la teja de barro haría inaccesible la azotea. Sin embargo, en el primer piso, a un costado del altar católico, se encuentra una escalera helicoidal construida también de lajas, y que lleva a la azotea, la parte más alta de la casa. Es el lugar que nos acerca más al cielo y desde donde la Sierra Mixteca se viste de montes y valles; es el lugar donde se sopla el caracol para atraer la buena ventura.

 

La casa de Prudencio cuenta con muchos más atributos que los mencionados, pero, lo más importante es que aquella casa, producto de sus manos y de un tiempo de vida, demuestra que el oficio de la arquitectura es universal, a partir de una estructura compleja de valores y dimensiones compartidos. Prudencio construyó no solo una casa, construyó su propio castillo.

 

"Todos me preguntan cómo le hice para construirla, pero yo les digo que yo no soy arquitecto y no les sé explicar, pero sí le puedo decir de dónde saqué las piedras y de dónde el barro", cuenta Prudencio.

 

De la Sierra Mixteca a Francia hay más de 9,000 kilómetros, no obstante, Prudencio el campesino y Ferdinand Cheval el cartero demuestran que la arquitectura está más allá de distancias, tecnicismos o de tendencias. Las obras de Prudencio y Cheval son de una arquitectura más alejada de la oferta y la demanda, y más cercana a los sueños.

 

Nota final

Si usted nunca repartió cartas en un radio de 32 kilómetros a la redonda, si no las llevó  en un viejo saco de cuero junto con encomiendas, impresos, prospectos, telegramas, giros postales y facturas, si no caminó con la cabeza gacha para sorprender las piedras escondidas entre las hierbas de los senderos rurales, si además del saco de cuero usted no llevó nunca una carretilla de hierro en su recorrido, si al distribuir el correo no levantó una piedra de buen aspecto para ponerla en la carretilla y sucesivamente fue levantando otras piedras meritorias hasta colmar la carretilla, si no volvió a su casa con la carretilla llena de piedras y las volcó junto a una construcción bastante adelantada, si no preparó argamasa y se puso a levantar un muro de la construcción hasta que la oscuridad le impidió seguir trabajando, si no hizo todo eso o le cuesta creer de alguien que haya podido hacerlo durante veinticinco años, lamento decirle que no comprenderá jamás a los piantados, que es usted irremisiblemente cuerdo, y que le estrecho la mano inclinándome con el gesto con que se saluda al esposo de la difunta en el peristilo del cementerio, no sin antes dejar constancia de que el epígrafe supra procede de la autobiografía del Facteur Cheval, que lo cita como la opinión de sus vecinos de Hauterives antes de seguir imperturbable con su carretilla y volcar diariamente cuarenta y ocho kilos de piedras en el centro mismo de mi corazón. –Julio Cortázar 1

 

 

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1 Fragmento de Cortázar, J (1967) La vuelta al día en 80 mundos. Siglo XXI. España.

 

 

Entre piedras y barro

Texto: Evelin Santander

Tipo: Reseña

Año: 2015

1. Planta alta. Casa de Prudencio.

Foto: E. Santander / Ilustración: D. Hoshin

2. Terraza techada. Casa de Prudencio.

Foto: E. Santander / Ilustración: D. Hoshin

3. Adoratorio, planta baja . Casa de Prudencio.

Foto: E. Santander / Ilustración: D. Hoshin

4. Escalera helicoidal . Casa de Prudencio.

Foto: E. Santander / Ilustración: D. Hoshin

5. Adoratorio, fachada posterior . Casa de Prudencio.

Foto: E. Santander / Ilustración: D. Hoshin